martes, mayo 23, 2006

Desde atrás.




La disposición de poner textos o escrituras a la luz sin duda se posa en una inclinación a la exhibición que nunca he terminado por comprender. Concedo eso pero me quedo con la posibilidad de que cada letra sea engaño e introduzco la posibilidad del desentendimiento. Quiero decir que la escritura puede llegar a a ser muchas cosas menos responsabilidad.
Las escrituras personales, como toda comparecencia que implique un índice de intimidad, son terriblemente problemáticas. Sin embargo, repito la idea, cada palabra puede ser engañosa, referir justamente a lo que no se quiere decir, dirigirse a la dirección contraria (o equívoca), ser el más genuino gesto de artificio o, inversamente, lo más puramente desnudo. En este sentido, los párrafos siguientes tienen un índice de intimidad que no quiso ser disimulado. Creo que tienen algo más de un año (desde hace dos o tres que manejarme en fechas, relativamente exactas, me es imposible) y se siguieron de unos eventos epifánicos. Fue titulado, en su momento "He Amado Como Respiras, También Cuando Respiras" y tuvo una intención epistolar.
"
De repente las vitrinas en el centro se cerraron, los automóviles cesaron sus siempre inoportunos bramidos. No sé si te acordarás pero coincidió con el tiempo en que estábamos solos, quiero decir separados. Costaba creerlo pero la ciudad se preocupó de nosotros y suprimió su penuria. Como llamándonos a volver a ella. Yo, la verdad, no lo supe sino hace unos segundos.
Cercanos me decían que tú estabas bien, yo no lo creía o sólo imaginaba que lo estabas. Sin duda hacía mucho esfuerzo para imaginarlo. Cuando lograba hacer esa idea evidencia, apenas cuando lo lograba, no podía continuar, era mucho el esfuerzo, el movimiento más extenuante. Tal como el atleta que recorre las Américas sin descanso y se arroja al piso totalmente agotado, sin posibilidad. Así fue, varias veces, desconozco cuántas. Muchas.
De pronto, muy pronto, inesperadamente –como la mente de árbol- insospechadamente –como el pecho canino– levanté las sábanas antes de salir. Un mensaje tuyo, empolvado, amable y lacero, se había posado ahí. Latente –y latiente- entre el lío de ropa, sábanas y cuadernos me sonrió con un ademán sencillo pero cuidadoso (quizás desesperado). La embriaguez del momento me ha impedido descifrar su gesto. No salí. Ahí, fulminando un silencio obligado y feroz, estaba ese mensaje cuyo indicio fue borrado de pronto en la pastosidad de la nada. Correos es una empresa seria y las bellezas no están en sus servicios. El viento -más allá de quien quiera pensarlo- no sabe crear. El azar nunca es tan prolijo. Tú –tal como yo– no lo harías porque ambos somos…o quizás sí, lo harías, sí lo harías.
Entonces seguí sus sugerencias, no supe que podría llegar a enterarme, como un puro abordaje súbito, de que ni la intimidad de tu espalda clara como una dedicación, ni ver cotidianamente tu cuerpo, aún misterioso y de niña quimérica y novelesca, ni la sucesión de nuestras vidas, que asumen alternadamente palabras afónicas, ni la quietud resplandeciente de nosotros librando cansancios, recostándonos el uno al lado del otro, el uno encima del otro, el uno contiguo al otro, el uno lejos del otro, el uno como el otro, ni nada de eso –que fue ya como el mundo de las calles infinitas que guardan plantas agraciadas y donde tácitamente retozan amándose los animales más hermosamente alocados– ha sido tan apasionante como oírte y verte respirar (susurrando mi nombre entre titubeos, mediciones y amores tan múltiples como deseos en explosión).
"

1 comentario:

Anónimo dijo...

Your site is on top of my favourites - Great work I like it.
»